La radioterapia es un tratamiento que utiliza radiación de alta energía para combatir el cáncer. A continuación encontrará información clave para comprender el procedimiento, su desarrollo y los cuidados necesarios antes, durante y después del tratamiento.
También conocida como terapia radiante, emplea radiación de alta energía para eliminar células cancerígenas. Se realiza con aceleradores lineales que producen haces precisos de radiación. El tipo de radiación y la técnica se definen según las características clínicas de cada paciente.
La radiación afecta principalmente a las células alteradas, impidiendo que se reproduzcan. Puede utilizarse como tratamiento único o combinarse con cirugía y quimioterapia para reducir lesiones o eliminar células residuales. El objetivo es maximizar el beneficio terapéutico protegiendo los tejidos sanos.
El médico radioterapeuta revisa la historia clínica, estudios previos y estado general del paciente. Puede solicitar exámenes adicionales para definir el plan más adecuado.
Se realiza una tomografía (TAC) para posicionar correctamente al paciente. Se colocan marcas de referencia que facilitan la aplicación precisa de la radiación en cada sesión.
El radioterapeuta y el físico médico analizan las imágenes y definen el plan que se implementará, determinando dosis y campos de radiación.
Las sesiones se realizan de lunes a viernes y duran solo unos minutos. El equipo verifica el posicionamiento antes de cada aplicación.
Descanse adecuadamente, mantenga una alimentación balanceada, evite ropa ajustada y cuide la piel expuesta. Siga siempre las indicaciones médicas.
Hidratación constante, seguimiento de los controles médicos y comunicación de cualquier cambio al equipo tratante ayudan a consolidar los resultados.
Los efectos secundarios dependen del área tratada y suelen ser controlables. Nuestro equipo le acompañará para gestionarlos adecuadamente, recordando que los beneficios del tratamiento superan los riesgos.