El cáncer es un término que engloba a más de doscientas enfermedades diferentes. Aunque comparten ciertos rasgos, cada tipo tiene causas, formas de desarrollo y tratamientos específicos. Por ello, cada diagnóstico requiere un abordaje individualizado y un plan de tratamiento diseñado para las necesidades particulares de cada paciente.
El cuerpo está formado por millones de células microscópicas que se renuevan de manera ordenada para mantener sanos a los órganos y tejidos. Este proceso está regulado por mecanismos de control que indican cuándo una célula debe dividirse y cuándo detenerse, preservando así el equilibrio del organismo.
El cáncer aparece cuando los mecanismos de control celular fallan. Una célula alterada comienza a dividirse sin control y transmite esa alteración a sus descendientes. Con el tiempo, la multiplicación desordenada forma un tumor que puede ser benigno si permanece localizado o maligno cuando invade tejidos cercanos y se propaga a otras partes del cuerpo.
Algunos cánceres, como las leucemias, no generan un nódulo sólido. En estos casos, las células alteradas se desarrollan en la médula ósea, afectan la producción normal de glóbulos y luego se dispersan a la sangre y otros órganos.
Dos personas con el mismo tipo de cáncer pueden presentar síntomas, tratamientos y evoluciones muy diferentes. La evolución depende tanto del tipo de tumor como de las características individuales del paciente, por lo que el abordaje debe ser siempre personalizado.
Las células pierden el control de su división y se acumulan de forma anormal, dando lugar a una masa o tumor.
Las células modifican su forma, tamaño y función, dejan de comportarse como células normales y adquieren características malignas.